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Malvinas: revelan documentos secretos de la guerra psicológica británica contra los soldados argentinos

A 35 años del conflicto armado, el Ministerio de Defensa del Reino Unido desclasificó 189 páginas que detallan la estrategia con la que los ingleses intentaron socavar, sin éxito, la moral de los combatientes argentinos

Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados norteamericanos que combatían en las islas del Pacífico recibían, cada noche, el susurrante mensaje de una mujer, La Rosa de Tokio (así se presentaba), que intentaba debilitar su ánimo con mensajes que aludían a una segura derrota, a su necesaria rendición, a la vuelta a casa donde esperaban su mujer y sus hijos.

Era otra más –y más sutil– de las formas de luchar: la presión psicológica. Que también sufrieron –ahora se sabe– los soldados argentinos que se batieron en las Malvinas.

Según delata un trabajo del periodista Max Seitz para BBC Mundo, desde el principio de la guerra llovió sobre ellos un panfleto de impactante título:¡Islas de condenados!
¿Su texto?
“Soldados de las fuerzas argentinas: están ustedes completamente a solos. Desde su patria no hay esperanza de relevo o ayuda. Están ustedescondenados a la triste tarea de defender una isla remota. No es justo que con sus vidas paguen ustedes las tortuosas ambiciones de esta loca aventura“.

Uno 12.000 panfletos de la guerra psicológica lanzados en Malvinas

Infobae tuvo acceso a los documentos de Psywar.org (Psywar: abreviatura de Guerra psicológica), que detallan cómo armó Inglaterra esa otra cara de la guerra: la tortura moral.

Primeros pasos. El 7 de abril de 1982, cinco días después de la recuperación de las Malvinas, se reunieron en la Sección Operaciones Psicológicas del Ministerio de Defensa británico el teniente coronel S.M.B y el oficial A.F.G –el documento no revela sus nombres–, para planear y decidir de qué modo debilitarían el ánimo de los soldados argentinos.

El resultado: panfletos que serían arrojados sobre el teatro de operaciones en dos etapas: del 15 al 21 de abril y del 18 al 20 de mayo.

Hasta entonces, el equipo de Psywar ignoraba las intenciones del desembarco y de la respuesta argentina ante la llegada de las fuerzas enemigas. Ese enigma determinó que sólo se redactaran tres mensajespara los primeros panfletos: un salvoconducto, un mensaje para la inevitable rendición, y una carta del gobernador de las islas Rex Hunt a la población civil.

Para la segunda fase de la operación se decidió la redacción de un panfleto aludiendo a la rendición de la guarnición argentina en las islas Georgias del Sur, a cargo del capitán de fragata Alfredo Astiz, y la creación de una emisora: Radio Atlántico del Sur (RAdS), cuyas transmisiones cumplirían la misma misión de los panfletos: doblegar el espíritu de la tropa argentina. Que, bien se sabe, no fue logrado: 649 héroes caídos en las islas lo prueban larga y dolorosamente…

La propaganda de la Radio del Atlántico Sur, sus horarios y su frecuencia

Los documentos logrados por la BBC Mundo e Infobae forman parte de un bagaje de secretos custodiados en los archivos nacionales de Londres, y desclasificados hace muy poco por el Ministerio de Defensa del Reino Unido.

La información está en una carpeta con 189 páginas señaladas como ultrasecretas, y en otra sobre el mismo tema bajo el título “Report on Psy in Op Corporate” (Nota: Operación Corporate es el título de la última etapa británica para recuperar las Malvinas).

Los documentos elaborados por el GEP (Grupo Especial de Proyectos del Ministerio de Defensa entrenado para la demolición moral de un enemigo), apuntan, en este caso, a explotar la sensación de aislamiento de los soldados argentinos, haciendo hincapié en la lejanía de sus hogares, la angustia de sus familias, y el latente peligro de morir bajo el poder de una fuerza profesional superior y mejor preparada.

Los británicos buscaron “manupular” la moral de los argentinos haciendo foco en el aislamiento y la falta de víveres y pertrechos

Decididas las dos fases (panfletos y radio), los primeros mensajes impresos fueron enviados a la isla Ascensión, a medio camino entre América y África, cargados en el HMS Fearless y el HMS Hermes, con destino final Malvinas.

La BBC anunció que el 3 de junio se recurrió a esos panfletos, pero sin detallar su efecto. En realidad, fue una operación fallida y muy criticada por el Alto Mando británico a raíz de que no se contó con un cañón de 105 milímetros ni con la adecuada artillería de los aviones Harrier y de otro tipo, para lanzarlos masivamente sobre las islas y su destino: los soldados argentinos.

Una vez establecida la Zona de Exclusión, el equipo de Psywar decidió aumentar a través de sus mensajes la sensación de aislamiento de nuestras fuerzas: uno de los resortes para socavar su moral… Sabía que las tropas podían oír transmisiones de bajo alcance: entre ellas, algunas radios en castellano –BBC, por ejemplo– que llegaban a Latinoamérica. Una suerte de arma no violenta pero muy persuasiva para apoyar las operaciones militares inglesas.

Se ponía en marcha la Operación Moonshine (Luz de Luna), que incluyó la creación de la Radio Atlántico del Sur: 9,71 MHz, todos los días de ocho a once de la noche.

El salvoconducto para los soldados argentinos: les prometían alimentos e inmediata “repatriación” si deponían sus armas frente a oficiales británicos

Su génesis fue un equipo especialmente entrenado: Media Assessment Team (MAT). El management, a cargo de un civil relacionado con los militares como guía para el contenido del discurso, y el resto, nueve miembros de la fuerza inglesa (seis de ellos con dominio del castellano), cinco traductores que escribían “en español castizo” y capaces de traducir textos y voces del alemán, italiano y francés, dos periodistas editores, ingenieros de radio, miembros del servicio de Inteligencia… con una contraseña entre ellos: Pinocho, para no mencionar nada que pudiera delatar la operación.

¿Cuál fue el resultado?  Pésimo.

Pero las autoridades en la Argentina habrían hecho esfuerzos para evitar que las emisiones (noticias y boletines liderados por un editor militar) llegaran a sus soldados, según detalla el documento.

Por caso, y como prueba de la preocupación ante los mensajes radiales del enemigo, se reportó que en Pradera del Ganso los transistores de los civiles fueron rotos para impedir que los soldados oyeran radio…
Sobre todo frente a noticias falsas pero de potencial poder: los ingleses anunciaron que el capellán militar, padre Fernández, les dijo a sus fieles… ¡que escuchar la radio era un pecado mortal!

El padre Fernández en Malvinas

Su punto de partida fue una orden terminante: disimular su objetivo, presentarse como una señal neutral, imparcial, que informara los hechos de la guerra según fuentes de ambos bandos. Pero con este toque editorial: “Las autoridades argentinas buscaron justificar sus acciones y probar, en especial entre su propia gente, que estaban teniendo éxito. Montaron una campaña de propaganda donde la verdad fue ignorada. Muchas de sus declaraciones eran tan exageradas y absurdas que se desbarataban por sí mismas”.

El documento señala, graves errores británicos en está táctica de la guerra psicológica: “Ningún soldado tenía la menor idea de lo que era la RAdS (…) La mayoría de los efectivos se encontraban en el terreno y, a excepción de algunos oficiales, ninguno de ellos tenía receptores“.

Se agrega que el lenguaje usado era más “latinoamericano” en sus modismos que “argentino”, un desacierto de la inteligencia: con el uso de palabras que no eran familiares para los argentinos resultaba imposible lograr identificación emocional por parte de los combatientes y así“manipular” su moral.

Para cerrar, el informe detalla que “cuando surgía alguna oportunidad de escuchar radio, los soldados sintonizaban las radios de Argentina“.

Los pocos soldados argentinos que tenían aparatos de radio escuchaban Radio Colonia

Según los documentos ahora revelados, la guerra psicológica fue –o debió ser…–un arma de fuerte efecto para el éxito de la Operación Corporate.

Se apoyaba en ciertos puntos básicos:
1) Convencer a la tropa argentina de la absoluta decisión del gobierno de Margaret Thatcher de reconquistar Malvinas con toda la fuerza de su arsenal.
2) Convencer a los soldados argentinos de la irresponsabilidad que quienes generaron la guerra sin tener en cuenta la escasez de mediosadecuados para librarla.
3) Erosionar la moral de la tropa apuntando a sus emociones más fuertes: el amor a la familia, el dolor de no volver a verla, el desamparo, mayores en un terreno tan lejano e inhóspito.

A lo largo del conflicto bélico, el GEP produjo alrededor de 12 mil copias de cada folleto–fuerza.

Uno de los textos:
“Soldados de las Fuerzas Argentinas: están ustedes completamente solos.
¿CUÁLES SON LAS RAZONES POR LAS QUE SE ENCUENTRAN EN ESTA SITUACIÓN TAN CALAMITOSA?
SOLDADOS: HAN CUMPLIDO USTEDES CON TODO LO QUE LA PATRIA PUEDE EXIGIR.
ÚNICAMENTE SON LOS GENERALES LOS QUE EXIGEN MÁS.
NO ES JUSTO QUE PAGUEN USTEDES LAS TORTUOSAS AMBICIONES DE ESTA LOCA AVENTURA MAL VISTA POR EL MUNDO ENTERO.
Desde su patria no hay esperanza de relevo o ayuda. Están ustedes condenados a la triste tarea de defender una isla remota. Pronto caerá sobre ustedes todo el rigor de un invierno cruel y despiadado, y la armada argentina no está en condiciones de suministrarles víveres o refuerzos que tanto necesitan. Sus familias viven con el tremendo terror de que nunca los volverán a ver. Todo esto, como bien saben, es la purísima verdad”.

El panfleto con el que pretendían erosionar la moral de las tropas argentinas

Otro de ellos aludió a la caída de la guarnición de las Georgias del Sur, acompañado por una foto de Astiz, quien se rindió el 24 de abril de 1982 ante las fuerzas británicas.

El panfleto decía:
“Tus valerosos compañeros de armas ubicados hace poco en las Georgias del Sur han vuelto a su patria. Fotografías de ellos recibiendo la bienvenida con honores militares y reunidos con sus seres queridos se han publicado en todos los periódicos. Ellos tomaron una decisión correcta y honorable. Tu debes hacer lo mismo. Piensa en el peligro en que te encuentras. Tus raciones y pertrechos de guerra están muy escasos.Piensa en tus seres queridos y en tu hogar, que esperan tu dichoso retorno”.

Foto de Astiz se rindiéndose en las islas Georgias del Sur

Foto de Astiz se rindiéndose en las islas Georgias del Sur

Y por si poco fuera, otro folleto –ingenuidad pura– les ofrecía a los combatientes argentinos un salvoconducto firmado John Woodward, el comandante en jefe de las fuerzas enemigas. 

Decía:
“El soldado que porta este pase ha señalado su deseo de no seguir peleando. Se le tratará estrictamente de acuerdo a lo fijado por la Convención de Ginebra, y deberá ser evacuado del área de operaciones lo más pronto posible. Se le suministrarán, de ser necesario, alimentos y tratamiento médico, y después será internado en un albergue donde esperará su repatriación. Recomendaciones: deponer su arma, mantener este pase bien visible, y avanzar hacia el integrante de las fuerzas británicas más próximas“.

Pero el perro intentó en vano morderse la cola… El gobierno británico y algunas áreas de la misma BBC fustigaron duramente los textos, calificados como “de principiantes”.

Ergo, las cuatro horas por día de transmisión, entre el 19 de mayo y el 15 de junio, fueron dinero y esfuerzo arrojados al mar.

Y no menos críticas recibieron los textos de los folletos. El GEP, motor de la estrategia, protestó, entre otros cargos, por la falta de inteligencia –lo peor para un servicio ad hoc– de los mensajes, y el error de juicio acerca de las características psicológicas de la audiencia (léase “los soldados argentinos”).

En los días finales de la guerra, el almirante John Forster Woodward, comandante del grupo de tareas británico, le escribió una carta al general Benjamín Menéndez, su par del otro frente, donde le sugiere lo conveniente de una pronta rendición.

“Indudablemente usted y el que suscribe comprendemos perfectamente la muy seria situación militar ante la cual se encuentra hoy usted y las fuerzas militares bajo su comando. No habrá escapado a su criterio que las fuerzas británicas bajo mi comando han logrado establecer una presencia dominante en el área, y de que no existe posibilidad alguna de que las suyas reciban ayuda o socorro.
Ahora las cosas han llegado al punto que hacen necesario que usted ponga en tela de juicio la justificación de continuar resistiendo fueras tan abrumadoras. Es usted quien tiene que decidir respecto del bienestar suyo personal, la de sus fuerzas y de la población civil (….)”.

El corolario, más allá del resultado de la guerra, no pudo ser más anémico para la guerra psicológica. No hay pruebas de que soldado argentino alguno haya claudicado o se haya rendido por la acción de esos textos sobre su mente y su espíritu. Los mensajes, a la luz de un mínimo análisis –simple sentido común– son de una ingenuidad escolar.

Se vieron, muy pronto, todos los hilos del títere… Y quedó lejos, muy lejos, la grandeza de Winston Churchill cuando las bombas nazis caían sobre Londres:

–Solo puedo prometerles sangre, trabajo, sudor y lágrimas. ¡Pero no nos rendiremos jamás!

Palabras que no nacieron de un equipo, una tormenta de cerebros ni un servicio de inteligencia. Palabras creíbles.

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